El raro concepto de derechos humanos del Tío Sam.
Artemisa, Cuba – Una de las actividades más afectadas por el bloqueo del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es sin dudas la medicina. Es lógico que así sea, cuando el interés del imperio es precisamente limitar el bienestar de los cubanos, hacernos padecer y que perdamos la confianza en nuestro gobierno y más allá de eso, en nuestros sistema político y social.
La electro medicina es quizás el área que más sufre estos impactos porque se dedica a la ingeniería clínica, al desarrollo, aplicación, mantenimiento y gestión de equipos, accesorios e instalaciones médicas. Probadas están las capacidades de los cubanos en materia de ingenio, de búsqueda de soluciones, vías y alternativas para generar respuestas, pero existe una pared que no nos permite avanzar cuando nos enfrentamos a que un equipo determinado o una tecnología específica, se produce en el país del norte o se comercializa mediante una empresa norteamericana y es imposible su adquisición por Cuba.
Los defensores de la democracia y los derechos humanos son los culpables de que no existan en nuestro país más quipos para atender enfermedades crónicas, más tecnologías para el diagnostico. Son los mismos que entorpecieron la entrada al país de los ventiladores pulmonares ante lo cual se creció una vez más la isla y desarrolló los propios.
Adquirir tecnologías clínicas o sanitarias no es un problema ahora que la pandemia de la covid 19 afecta el panorama mundial. Lo era antes de este virus asesino y el tema es tan complejo como que Cuba puede producir el surfacem para que los niños prematuros sobrevivan a partir de su administración y la correspondiente maduración pulmonar, sin embargo, el surfactómetro de bolsa pursátil que se requiere para su elaboración debe adquirirse por terceros países a tres veces su precio original, lo que implica la imposibilidad de adquirir más equipos.
Grande es la inventiva de nuestros electromédicos, grandes las soluciones que aparecen ante las carencias y los paliativos que surgen de la necesidad. Dos palabras pueden describirlo. Orgullo de esa capacidad de regenerarse y de crecerse de nuestros profesionales y rabia porque podría ser diferente si el gobierno yanqui no se empeñara en castigarnos. Y hablo de castigar a nuestros enfermos, a nuestros vulnerables, a nuestros necesitados o afectados de salud. Derechos humanos muy raros los que defiende el Tío Sam.
Lo real es que Cuba continúa, a pesar de esas circunstancias creciéndose y la electromedicina bloqueada continúa sorprendiendo. Nuestros avances son para Cuba y para el mundo. Por eso vuelvo a decir en un comentario que el bloqueo también les afecta a ellos. Estados Unidos también se limita a participar de nuestros avances porque ellos crean medidas y trabas y nosotros creamos soluciones para favorecer la vida.