Ser Fidel es ser la mejor versión de nosotros mismos
Artemisa, Cuba.- En un día como el de hoy todos hablamos de Fidel. Hasta quienes lo odiaron y pensaron distinto a él lo traen a colación. Es difícil no hacerlo tratándose de un hombre de esa talla, de un estadista, orador, abogado, político, militar y otras tantas profesiones, todas defendidas con maestría. Un hombre con registros en el libro Guines de Records. Un hombre considerado el más importante de su tiempo por muchos en el mundo.
Decimos Yo soy Fidel como mismo aseguramos que seremos como el Ché y eso no es más que una declaración, una línea de deseo. Es la intención de hacer las cosas bien y de seguir los pasos del líder histórico de la nación y continuar su obra. Pero en verdad a la mayoría ser Fidel nos queda grande. No podemos sentirnos mal por no llegar a su estatura. Debemos entender que no somos iguales, que tenemos condiciones históricas, genéticas, sociales, biológicas y hasta astrales que nos hacen diferentes porque cada ser humano es singular y solo algunos alcanzan la importancia histórica de Fidel Castro.
No nos puede asustar la idea de no ser Fidel porque eso incluso no es tan importante si sabemos quiénes somos. Si somos una buena persona, una persona honesta, trabajadora, entregada a la obra de hacer crecer a este país, una persona con principios, que no negocia sus ideales, que tiene convicciones y valor, que ama la justicia.
Aunque nuestra vida no tenga la relevancia que tuvo la del Comandante basta que seamos seres humanos de paz, de amor, de vergüenza. Que seamos buenos padres, buenos hijos, buenos esposos, buenos amigos. Que seamos los mejores educadores de nuestra familia, prediquemos la honradez, nuestros hijos quieran mirarse en nuestro ejemplo y estén orgullosos de nosotros. Que hayamos ayudado a fundar, a crear, a hacer de nuestro centro de trabajo un lugar armonioso, de nuestro barrio una comunidad de decencia y civismo, de nuestra casa un sitio de armonía.
Ese pudiera ser un buen comienzo. No es preciso ser él porque Fidel es único e irrepetible. Pero estoy convencido de que siendo los hombres y mujeres de bien que podemos, siendo la mejor versión de nosotros mismos el Comandante estaría satisfecho y el país sería también un mejor lugar.