Julio también debe llamarse Haydée

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Julio es uno de esos meses en que el ‘”alma nos pesa’?. Acompañando al primer día del mes vienen un sinfín de recuerdos sobre la gesta libertadora del último período anterior al Triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, que sin permiso alguno nos hace sentirnos parte de un hecho que marcó la Historia de Cuba: El Asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. ¿Qué cubano no conoce de estos sucesos?

Sin embargo, mi objetivo no es relatar los hechos, sino recordar a una de sus participantes, quien a mi entender, se ganó su lugar de honor entre las heroínas de la Revolución: Haydée Santamaría Cuadrado. A 92 años de su nacimiento y 35 de ocupar su lugar entre las estrellas del cielo, su personalidad y entrega a la Revolución, no

dejan de asombrarnos. El sólo hecho de nombrarla, nos recuerda que hay personas que no se marchan’?se retiran a otro sitio para desde allí continuar guiándonos.

Fue Haydée una de las participantes en las acciones del 26 de julio de 1953 y junto con su hermano Abel ocupó el Hospital Civil Saturnino Lora con el objetivo de apoyar a los asaltantes del Cuartel Moncada. Tras los sucesos fue hecha prisionera por el ejército, ese que del propio Batista había recibido la orden de asesinar 10 revolucionarios por cada soldado muerto. Para hacerla hablar fueron utilizados métodos horribles ante los cuáles cualquier mujer cedería. ¡Haydée demostró que ella no era cualquier mujer!  Le dijeron que su hermano y novio habían sido torturados y asesinados después del combate.

Como muestra de ello, le mostraron un ojo de Abel y los restos de los genitales de su novio Boris Luis Santa Coloma. ¿Cuál fue su reacción? Pese a lo desgarrador del método, no pudieron sacarle ninguna información y al contrario respondió firmemente: ‘”…morir por la patria es vivir’?. ¿De dónde obtuvo las fuerzas para hacerlo? Sólo una mujer de su talla sería capaz de responder así. Uno de los frutos de su vientre acercándose al tema expresó: ‘”Perdió a su hermano y perdió a su novio y lo único que le quedaba era una Patria herida y palpitante’?.

En su alegato, La historia me absolverá, Fidel, recordando el gesto de Haydee expresaría: ‘”Nunca fue puesto en un lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana’?. Pero no acabó aquí la obra de Haydée.

Luego de salir del Reclusorio tras haber sido condenada a siete meses de prisión junto a Melba Hernández, su primera acción fue homenajear a Eduardo Chibás con una ofrenda floral. La prisión no hizo que sus ideas menguaran y continuó en su obra de ver a Cuba libre. Participa en la impresión y distribución del manifiesto “A Cuba que sufre”, y junto a otras combatientes, recopiló y organizó las notas que Fidel iba logrando sacar de la prisión y en la cual reconstruía su alegato en el juicio del Moncada, que luego sería conocido como La historia me absolverá. Tuvo además participación en la organización del alzamiento del 30 de noviembre de 1956.

A pesar de los recuerdos que le aquejaban, disfrutó el privilegio de vivir el Triunfo del 1 de enero de 1959. Después de permanecer un corto tiempo en el Ministerio de Educación, Fidel le da la tarea de fundar una institución cultural que sería un símbolo de los intelectuales en todo el mundo: Casa de las Américas. Al respecto escribió su hija Celia Hart Santamaría, ‘”(‘?) hacía de Casa de las Américas la sede del entusiasmo’?. La primera Orden Ana Betancourt que se confirió en Cuba, la recibió Yeyé; nadie fue capaz de poner en duda el merecimiento de tal reconocimiento.

Quizás muchos desconozcan de su pasión por los girasoles. Le encantaban en todas sus formas. Pinturas, fotos, adornos. Según ella el girasol era su flor favorita ‘”porque para ser tan hermosa como es no renuncia a ser inteligente, fácil de plantar y útil (‘?), es una flor revolucionaria’?.  

Haydée se marchó un 28 de julio de 1980, dos días después de que se cumpliesen 27 años de las acciones que marcaron para siempre su vida. Sin embargo, nunca hemos aceptado su partida, ni lo haremos. Allí está ella convertida en una de esas estrellas que aún de día conocemos su posición en el cielo. Desde allí nos alumbra el camino y nos recuerda que a los revolucionarios no se nos está permitido detenernos.

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