¿Quién le pone el cascabel al gato?
Arrojar basura al suelo,
en el medio de la calle,
es un horrible detalle,
un tristísimo señuelo.
Debería haber revuelo
social, civil conmoción,
profunda preocupación,
o un debate nacional
sobre este vicio social,
cívica degradación.
Comienzo mi comentario haciendo eco de estas elocuentes décimas del conocido escritor y repentista Alexis Díaz Pimienta sobre este mal hábito que se extiende, al parecer sin que nadie pueda controlar.
Quizá para algunos oyentes este es un tema sobresaturado en los medios que regresa con insistencia y sin solución aparente. Es una queja puntual en las reuniones de vecinos con los delegados del Poder Popular y entre las autoridades de Higiene y Epidemiología.
Pero, ¿cómo voltear la vista ante una realidad que se abre paso en cualquier esquina de la ciudad? ¿Cómo hacer caso omiso ante la aglomeración de residuos que se desbordan en los contenedores e invitan a la proliferación de ratas, moscas y otros vectores?
Desde que las personas salen en la mañana de sus casa se encuentran con un cúmulo de desperdicios que va en aumento cada vez, ese es el saludo de cada mañana y la bienvenida a muchos barrios por las tardes.
Ramas de árboles podados, trastos viejos, de comidas en bolsas de nailon, y asi la estampida de suciedad toma posesión de aceras y parte de la calle, obstaculizando el paso cotidiano de los vecinos. Por su parte los perros callejeros hacen sus necesidades y dejan los restos de sus comidas en cualquier parte.
Nunca faltan los inconscientes que botan los desechos fuera del tanque aunque esté vacío o destruyen el recipiente en evidente expresión de vandalismo. Por supuesto que no se trata de virar con la bolsa de basura para la casa porque no hay donde echarla, pero sí de respetar los horarios establecidos.
Y aunque el carro pase recogiendo los desechos, a la media hora ya está formado el basurero y si es posible mucho más denso. Es la historia de nunca acabar.
Entonces, ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿No es responsabilidad de todos, desde los vecinos hasta las entidades estatales, mantener el ornato público y evitar que nuestro entorno compita por adquirir el calificativo de microvertedero?
Al final, estas acciones negativas se revierten en perjuicio propio y atentan contra las condiciones sanitarias de nuestra comunidad; la dimensión ambiental debe ser incorporada conscientemente al quehacer cotidiano y los predios de la higiene no pueden terminar en la puerta del hogar.
La acumulación de la basura provoca focos de infección, propagación de plagas y enfermedades gastrointestinales, respiratorias y micóticas, proliferación de mosquitos que trasmiten el dengue, el zika y el chicungunya. Dan como resultado sitios insalubres debido a que los desechos se encuentran mezclados, y en su descomposición proliferan hongos, bacterias y muchos otros microorganismos causantes de enfermedades o infecciones que si no son atendidas pueden causar hasta la muerte.
Soy del criterio que cultura y exigencia deben unirse para demostrar que sí podemos vivir rodeados de limpieza, y orden. Y que al fin nuestro gato lleve su cascabel.