“Crear vocación en los jóvenes es tarea de todos”
Como muchos conocemos es una política de la Revolución desde sus inicios la preparación de los jóvenes en diferentes frentes de la sociedad para atender proyectos y programas tanto de la economía como de la vida social del país.
Por solo citar algunos ejemplos recordaré la creación de las escuelas secundarias básicas y preuniversitarias en el campo, donde estaba presente el principio martiano de vincular el estudio con el trabajo, la presencia de escuelas vocacionales de diferentes enseñanzas en todo el país, los institutos tecnológicos y politécnicos, las escuelas formadoras de maestros, y más reciente el Programa de los Trabajadores Sociales, entre otros tantos.
Considero que en esos años de la Revolución el trabajo en la formación vocacional y la presencia de círculos de interés en la gran mayoría de los centros educacionales del país fue algo que se logró de manera vertiginosa y progresiva.Recuerdo cuando era un adolescente ya conocía sobre varias especialidades por las que podía optar para formarme como futuro profesional, debido al trabajo que se hacía en la escuela donde estudiaba.
Es cierto que los tiempos cambian y las condiciones del país no son las mismas desde el punto de vista económico y objetivo, pero la formación vocacional de los educandos depende más del corazón y el cerebro que los recursos materiales.
En la Secundaria básica urbana Carlos Gutiérrez Menoyo del municipio de Caimito, me explicaban que de los 151 estudiantes que cursan el noveno grado, solo 67 optan por el preuniversitario y que muchos de ellos solo pretenden culminar el grado 12 y no estudiar ninguna carrera universitaria, pues no sienten motivación.
Allí supe también que las personas que deben asistir a impartir diferentes círculos de interés no lo hacen por diferentes causas y que además las actividades conocidas como puertas abiertas que deben realizar los centros que desean que los alumnos vayan a ellos a formarse como técnicos u obreros calificados en varias profesiones solo lo hacen una vez al curso y casi al finalizar este; además las familias prestan poca atención a la vocación de sus hijos.
Es cierto que hoy muchos profesionales han abandonado el trabajo estatal y se han movido hacia el trabajo por cuenta propia y eso lo están viendo nuestros jóvenes, por lo que pienso que pudiera ser otro factor desmotivante en la continuidad de estudios de la juventud.
Tanto el sector de la educación como la familia y otras entidades a diferentes niveles de dirección del país no podemos dejar este tema de la mano, pues el futuro de la patria es de la juventud y su formación depende de todos nosotros los menos jóvenes.