¿Otro Harlem?
No es otra industria. Tampoco son obreros nuevos. Una torre humeante, el ruido de camiones mezclado con voces, el olor a caña recién cortada, carretas y remolques por doquier. Esa es la dinámica en el batey del central Harlem, una fábrica cuya vida respaldan el esfuerzo de hombres y mujeres y el orgullo de saberse azucareros.
Inspira confianza verlo producir azúcar luego de una larga parada por rotura de la caldera. De hecho, fue necesario retubarla, labor ejecutada en 22 días cuando por norma requiere entre 45 y 50, destacó Andrés Avelino Carmona, director de la UEB Central Azucarero Harlem.
De acuerdo con Carmona han ido estabilizado la molienda y los parámetros de eficiencia, superan el 10 de rendimiento industrial, en la última semana sobrepasaron el 90 por ciento de recobrado y de aprovechamiento del rendimiento potencial de la caña (PPC). ‘”Cerramos diciembre y enero con utilidades y un salario promedio medio entre los 950 y 1000 pesos’?.
Entre la atención y el deber
Los resultados del Harlem tienen sus causas. El sentido de pertenencia ha sido, desde siempre, el principal elemento aglutinador de los azucareros. El ejemplo más connotado lo encontramos en las jornadas de trabajo ininterrumpidas para alistar la caldera.
Según el director de la UEB, el incremento de los salarios a partir de las utilidades, la estabilidad del transporte obrero y la entrega de ropa, zapatos, botas de goma y medios de protección, así como el mejoramiento sustancial de la alimentación favorecen la motivación ante el trabajo y en consecuencia el incremento productivo.
Rosa Pino, secretaria del buro sindical del ingenio, destacó, además, el sistema de estimulación, sobre todo con artículos de aseo, que se entrega ante el cumplimiento de determinadas tareas y en ocasiones a todos los trabajadores.
Técnica en purificación y concentración, y con 20 años en el Harlem, Pino resaltó que en esta zafra, a diferencia de la anterior, la maquinaria está en mejores condiciones, los obreros cobran por la producción de azúcar y están muy entusiasmados. ‘”Parece que es un año de zafra y lo estamos aprovechando al máximo’?.
La dirección de la industria bahiahondense asume su rol con diligencia. Al decir del director del ingenio, enfatizan en las inspecciones técnicas, la rotación de los equipos y la lubricación. ‘?Contamos con un ingeniero para atender esta actividad y un lubricador por área. También mantenernos la molida en las noches en la cual hay dos miembros del Consejo de Dirección de guardia’?.
Pero no todo es color de rosa en el Harlem. Muy cerca, una brigada de macheteros de la CPA Camilo Cienfuegos enfrentaba la dura labor con destreza. Pero les preocupaba el atraso del pago, la mala calidad de la comida y por qué debían beber agua caliente.
Lázaro Veliz tiene 55 años y desde los 18 corta caña. Por su oficio ganó un auto Moskovich. Un trombo en una de sus piernas limita su labor, aunque continúa en el bloque, machete en mano, porque ama lo que ha hecho toda su vida. ‘”Al hombre hay que entenderlo y atenderlo’?, señala Veliz, algo que al parecer no funciona bien en la CPA.
Como bien dijo Rosa Pino, la secretaria del buro sindical del ingenio, parece que es un año de zafra. Si le sumamos las mejoras en la atención al hombre, una industria en mejores condiciones y salarios de acuerdo con lo producido, sólo resta mantener el ritmo, sacarle el máximo de azúcar a la caña y solucionar los problemas que afectan al hombre.