Fidel Castro Ruz : Absuelto y presente
“En cuanto a mí, se que la cárcel me será dura como no lo ha sido para nadie. Lo dijo de frente y con la vista puesta en el verdugo”. Lo dijo sin titubear y con la mano izquierda al corazón el joven de Birán y hubo temblor en el juzgado por tanta luz en sus palabras.
Dura la cárcel y dura aún más por la injusticia fijando los barrotes. Dura para un soldado queriendo lo mejor para su patria, aunque Martí sembraba la libertad en el alma del hombre y la certeza de su triunfo se hizo palabra. Del encierro salió a reclutar vergüenza para la causa.
No le temo, dijo Fidel Castro. La valentía no era un impulso de joven brioso. Era más honda. Venía de su alma convencida de que la historia iba a hacerle justicia si le faltaba la de los hombres. De que no era posible sentarse o observar cuando el yugo soberbio nos arrancaba la esperanza. No le temo dijo Fidel. Hablaba de la cárcel, de la furia del tirano. Hablaba de los asesinos que manchaban de sangre sus manos y con esa sangre escribían sin proponérselo la sentencia de aquella dictadura.
No asumió a condena. Inocente de iniquidades y culpable solo de ser un inconforme con la idea de vivir de rodillas declaró que iba a ser absuelto por la historia. Miles de cubanos lo leyeron en las páginas impresas en la sombra. Muchos supieron que había un programa para los pobres, una posibilidad para los dueños legítimos del caimán. Lo leyeron y lo supieron digno de liderar la tropa. Confiaron en su voz porque era la verdad quien sostenía sus palabras.
Y la cárcel fue dura. Le negaron los libros de José Martí como si aquello pudiera sacarle al apóstol del pecho. No solo absuelto lo nombró la historia. Ella adoptó a Fidel. Le hizo un espacio entre sus manos fuertes y hoy recuerda que es dura la vida de los justos, pero en ella está el premio y su más grande hijo, desde la gloria, mantiene la confianza en su pueblo y lo acompaña.
